miércoles, 28 de noviembre de 2018

Un verdadero aliado

Esta pequeña escena se basa en un meme, insomnio y demasiado café

 -¡Son adoradoras del Diablo! ¡Brujas adoradoras del Diablo!
Gritó el hombre, furioso al ver a las mujeres marchando por su propio pie, buscando la libertad que tanto tiempo se les ha negado. Ninguna se detuvo, ninguna le prestó atención. Las mujeres sabían que era inútil discutir con el hombre. Pero alguien sí se detuvo, bajó su cartel de "derecho, igualdad y libertad" y miró al hombre fijamente.
-Oh, no, no… usted ha entendido todo mal… ¡ellas ya estaban aquí cuando yo llegué!
Retrucó el Diablo, con una sonrisa cargada de demasiados colmillos antes de proseguir en la marcha.

Canto VII

Sobre cómo imagino yo que probablemente ocurrió esa escena en el libro VII de la Eneida


La diosa venus, superior a todos en belleza, ve desde su hogar como su hijo, el piadoso Eneas viaja en busca de aliados que le ayuden a ganar la guerra y la mano de Lavinia.
 Cuando este llega a la corte del rey Evandro, la hermosa venus comprende lo que le falta a su hijo. Una armadura y un escudo, uno glorioso e impresionante, capaz de protegerlo en su ardua travesia más de lo que podría lograr por si misma.
 Calzandose sus hermosas sandalias y acomodando su magnifico peplo, se marchó en dirección a los hornos de Vulcano
-esposa, ¿qué razón en el Olimpo os obliga a interrumpir mi trabajo?
Preguntó con cautela el dios, deteniendo sus martilleos para admirar a la diosa que resaltaba entre los aparatos que el dios construía
-Oh, vulcano, el ilustre artífice, nadie me obliga a visitaros, sólo mis sentimientos hacia vos me atraen a este lugar.
Dijo la bella venus, sonriendo al acercarse al fuerte vulcano. Pero, viendo el poco resultado que sus encantos tenían en su esposo, optó por cambiar de actitud.
-Me preguntaba, maravilloso esposo, si podrías honrarme al hacerle un escudo a Eneas, pastor de hombres
-No.
La respuesta del ilustre artífice la dejó descolocada, y la decepción se posó en sus hombros al sentir los renovados martilleos.
-Dale chabón, le hiciste un escudo al hijo de Tetis. Hacele uno a mi hijo también.
-Venus, estamos casados, no da que le haga un escudo a tu hijo ilegitimo.
-¿Por favor?
-Bueno.
Poco tiempo después, el ilustre vulcano había creado un escudo que rivalizaba con el obsequiado al magnifico Aquiles.

Carita de Angel

 Habia una vez una niña con carita de angel. Su nombre era Lucille, pero pocos la llamaban así.
 Lucy era encantadora, desde que dio sus primeros pasos en el mundo,las personas que la rodeaban no podian evitar adorarla.
 La pequeña Lucy no se parecía mucho a sus padres, con su rizado cabello del color de la noche, su piel del tono del roble pulido y su hermoso rostro de angel, apenas guardaba similitud con su madre y aun menos se parecia a su padre. Pero eso no les importaba. Porque era una criaturita adorable.
 La niña nunca tuvo problemas para formar amistades, bastaba con un par de dulces palabras y una mirada a su carita de angel para que niños y adultos por igual quisieran protegerla y considerarla una amiga.

 Al crecer, con el despertar de la pubertad, algo más se despertó en ella. Un hambre que ninguna de las personas que la rodeaban podía cumplir. Hambre de poder.
 Poco sabía ella del secreto de sus padres, y poco sabian sus padres del secreto de Lucy. Pero cada noche, su poder se hacía más fuerte. No le tomó más de una semana controlar los elementos a su antojo, no le llevó más de un mes modificar la realidad con su mente, en menos de un semestre, dominó la vida y la muerte. Luego de un año, tenía control sobre la existenca misma.
 En cambio, durante el día, la joven Lucy obtenía más conexiones poderosas, con su carita de angel, sus hermosos rizos de medianoche y su lustrosa piel de obsidiana, cualquier persona que la conocía caia a sus pies.
 Una noche, sus padres le hablaron, le contaron lo que ella ya intuía. No, ella no era una persona normal. Ella no era una persona siquiera. Ella era algo más. Un ser poderoso y antiguo, reencarnado en el cuerpo de una joven mortal. Que debía morir antes de alcanzar su poder completo.
 La apuñalada por la espalda la tomó por sorpresa. El disparo en la frente fue realmente humillante. Pero el punto de quiebre fue la estaca en el corazon. Si Lucy no hubiera estado tan indignada, hubiera sido capaz de detener cualquier ataque. Pero llegaban demasiado tarde, y deberían pagar  con sus vidas por la ofensa.

 Había una vez una niña con carira de angel. Su nombre era Lucille, pero pocos la llamaban así.
 Tenían demasiado miedo para hacerlo. Miedo de invocarla. Miedo de hacerla enfadar. Pero, principalmente, miedo de decepcionarla.

 A Lucy poco le importaba, porque ese no era su nombre en absoluto. Su nombre era Lucifer, y cuidado de quien viera sin permiso su rostro de angel caido.

¿Cómo siempre?

Esa mañana me levanté, como siempre. Hice el mate, como siempre; y comencé a leer el diario de hoy, como siempre. No tardé en llegar a la parte de avisos funebres, un placer culposo que revisaba con una minuocidad casi religiosa, como siempre.

Fue entonces cuando lo vi: "Antonio Enrique Gomez. Que en paz descanse. Nunca le olvidarán. sus amigos e hijos". Lo volví a leer, incapaz de creerlo. Era mi nombre, era mi fecha de nacimiento. El diario cayó de mis manos: la fecha de fallecimiento era ayer.